Una cálida bienvenida
Borja Iglesias ha vuelto oficialmente a casa. El delantero, recién salido del Real Betis, saltó al campo de entrenamiento del Celta de Vigo para recibir a un héroe, pero no con pompa y ceremonia, sino con el tradicional “guante de iniciación” de sus compañeros. Las carcajadas, los manotazos y los empujones juguetones marcaron sus primeros momentos de regreso a la disciplina celeste. Fue puro teatro futbolístico: un gesto de camaradería y un símbolo de lo mucho que este regreso significa para el vestuario.
Iglesias se ha comprometido con el club hasta junio de 2028, con opción a una temporada más. Detrás de este reencuentro se encuentra el entrenador Claudio Giráldez, cuyo empeño en que el delantero volviera a Balaídos fue clave para cerrar el acuerdo. La afición ya siente la emoción de lo que puede ser un capítulo decisivo en la historia reciente del club.
Orgullo de club y preparación de la temporada
El Celta de Vigo no se ha guardado nada en su comunicado oficial, en el que define el fichaje como algo más que un simple traspaso:
“Simboliza más que un fichaje, representa el valor de creer y sentir estos colores“
Para un jugador cuyo vínculo con el club es profundo, no se trata sólo de minutos sobre el terreno de juego, sino de identidad, lealtad y de llevar el espíritu del escudo.
Mientras las emociones están a flor de piel, el trabajo práctico continúa. El martes, la plantilla se entrenó en la ciudad deportiva con intensidad y precisión, afinando su juego de cara al primer partido de Liga contra el Getafe.
Tras la jornada de descanso del miércoles, el equipo se ejercitará el jueves, el viernes y el sábado. Con el regreso de Iglesias, la afición del Celta estará muy atenta para ver si esta vuelta a casa se convierte en una temporada mágica en Balaídos.

